El verano se despide de Montreal y con el cambio de estación llega una de las tradiciones más esperadas: las calabazas. Y no hablamos de un simple huerto, sino de Citrouilleville, el famoso pueblo de calabazas que cada otoño transforma Saint-Zotique en una postal viviente del otoño canadiense.
A solo 40 minutos de la ciudad, este destino único combina el encanto rústico de una granja con la diversión de un festival, convirtiéndose en una de las excursiones imperdibles de la temporada.
Un pueblo cubierto de calabazas
Citrouilleville no es un huerto cualquiera. Desde 2019, este espacio se convierte en un verdadero pueblo temático con una iglesia, un saloon y hasta una tienda general, todos decorados de pies a cabeza con calabazas de distintos tamaños y colores. Cada rincón parece diseñado para sacarle brillo a tu Instagram, con escenarios como un tractor antiguo, una cabina telefónica británica y hasta un romántico kissing booth.
Además, los visitantes pueden perderse en su enorme laberinto de maíz, disfrutar de juegos de feria, espectáculos teatrales y dejar que los más pequeños se diviertan en castillos inflables. Todo pensado para vivir un día completo de diversión en familia o con amigos.
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Lo más especial llega al caer la tarde: los sábados por la noche, el pueblo se ilumina con luces que le dan un aire encantador y ligeramente misterioso, convirtiendo la experiencia en algo único y diferente.

